El Debate a la luz de la verdad y de las polillas que somos tú y yo

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No me había olvidado de comentar “El Debate”, así, con mayúsculas; una entrada de Linkedin que trataba el tema más importante que tiene cualquier ciudadano occidental integrado (los que pueden leer esto). Pero últimamente ando un poco más liado en la parte media de la pirámide de Maslow (la podéis ver en el medio de la entrada), que en la alta, de buscar la autorrealización intentado mejorar el mundo, en la que me gusta moverme 🙂 Dicho en cristiano, que me ha tocado trabajar en el día a día en vez de andar “leyendo sobre el futuro”. Cuando he podido sacar tiempo, resulta que linkedin ya ha deslinkado El Debate (como siempre, sacado por el genial Miguel Álvarez Casasola, otro tipo que se dedica a los altos pensamientos) y no puedo ya encontrar aquel Debate, ni contribuir.

Vamos allá. Aunque nos quememos. El Debate, con mayúsculas, es “qué rumbo tomar para mejorar la distribución de recursos del planeta”. 1) se puede discutir si hay cambio climático, si es antropogénico, pero es indiscutible que se puede mejorar la distribución de recursos 2) Las soluciones no son binarias, en plan blanco o negro, “o “capitalismo / otra cosa” (el Comunismo ya está muerto). Es un tema de grises, y de varios subdebates:

a) Natalidad: Los países laicos la han frenado. Los países religiosos, no. Ya no hay distinción entre laicos ricos y religiosos pobres, como antes, por los petrodólares. Una de las mayores crueldades y ataque a las personas ha sido prohibir más de un hijo, como se ha hecho en la laica y Comunista-semiesclavista China. ¿Tienen MÁS razón los que apelan a la biología (innegable), la libertad, la religión para decir que nuestro deber es multiplicarnos cuando más y mejor, o tienen MÁS razón los que dicen que con menos natalidad el planeta estará menos tensionado, nuestros indudables compañeros de viaje (plantas y animales) tendrán una posibilidad de sobrevivir y ganar en reconocimiento de derechos y sufrir menos, y proponen proponer algo tan delicado como “convencer a gente de que no cumpla con la biología y la libertad de tener hijos”? ¿Es eso traicionar a tu especie para ir con el planeta? ¿O no hacerlo es traicionar al planeta y, por tanto, a tu especie? ¿Qué gris elegir?

b) Robotización: ¿Cuál es la relación? Sencilla. Las personas parecen sustituir hijos por “ocio”, “mascotas”, etc, en ojos de algunos religiosos (no olvidemos, 62% del mundo se considera religioso, y creciendo). Cuando se creen robots tan parecidos a humanos, ¿no preferiremos tenerles “como hijos”? ¿Alcanzarán el status de “personas”? ¿Y aquellos humanos que hibriden con máquinas? ¿Hasta cuándo puede prorrogarse la vida? ¿Vale más la vida de un niño o de un anciano? ¿De un pobre o un rico? Son preguntas muy duras pero, por ejemplo, en los barcos tenían claro durante siglos que “mujeres y niños primero”, porque “son más semilla de futuro” que un hombre.

c) La libertad de expresión: hace años nos hubieran colgado sólo por sacar este tema. Los ateos, los religiosos, los comunistas y los capitalistas. ¿Debatir sobre algo ya es posicionarse, o despertar demonios en las cabezas? ¿No es posible la tolerancia con los que no piensan igual?

d) Los puntos del absurdo: un ecologista extremo diría que, para que viva el planeta, muramos las personas que lo contaminamos; o que cesemos toda actividad (la que lleva a la innovación y a que ese ecologista pueda preocuparse de eso y no de que no le coma un león de las cavernas). Un animalista extremo preferirá que mueran niños a que muera un animal. Un manipulador usará números para convencer a un estadista, y dirá a alguien humilde que para el estadista eres un número (no es posible tener en cuenta tooodos los casos individuales)… Una foto de un cachorro de foca nos puede manipular más que un gráfico.

e) La coherencia: es una parte muy difícil, porque la coherencia extrema en un mundo complejísimo, globalizado, es muy difícil (Gandhi, x ej., escribió a Hitler “Querido amigo, a su disposición”). ¿Es más cínico, sabiendo que es difícil ser coherente, no intentarlo y decir que no se intenta? ¿No intentarlo, dándonos a los caprichos, pero no dar lecciones? ¿Intentarlo y no dar lecciones? ¿O intentarlo y debatir sobre nuestros logros, con tolerancia a los otros y con autocrítica? Yo aquí me posiciono en este último punto. Me considero de lo más concienciado sobre “emisión de carbono”, evito el aire acondicionado aún a costa de dormir mal (salvo si he de conducir, etc), pero al mismo tiempo “viajo bastante” por temas familiares. Tendríamos que hacer cuentas para ver si contamino más o menos que otro, pero no me duele reconocer que mis abuelos contaminaron mucho menos que yo, y que los de, por ejemplo, un norteamericano de mi edad. ¿Con qué derecho le pido yo, urbanita viajero, que come cosas que se transportan con humo, a uno de un pueblo o de un país que contamina menos, que no queme su parte del planeta, para que me deje a mí quemar la suya? Etc.

maslow

Voy a mojarme, opinando con humildad sobre los temas y empezando por el final. Creo que

E) hay que reconocer que la coherencia es difícil pero si no hablamos de ella no se avanzará. Tolerancia y autocrítica. Soy de los que le recuerda a alguien Adulto Y En Plenas Facultades Mentales lo malo que es el tabaco a la vez que le acomodo y enciendo el cigarrillo. Los prohibicionistas me parecen perniciosos. La frontera difícil es la de prohibir que uno agreda a otro.

D) El sobrerracionalismo y el absurdo. Sobre una base inevitable de razón y números, que impedirá que nos manipulen con imágenes (cosa que hacen TODO EL TIEMPO en 2017, año instagram, y de lo que sé yo mucho por mi profesión): Tras eso, el corazón nos marca qué está bien y qué está mal. Un brindis por aquellos que, aún pensando que están en una causa justa, han sabido mirar a los ojos de otro humano y ceder, a pesar de lo que les pueda pasar a ellos. Se llama ética, sentido del deber, y cada vez hay menos. Tras razonar, miremos con los ojos del corazón (¡¡Pero primero razonemos!! El poder nos manipula constantemente usando nuestros corazones. Soy publicista profesional desde hace 17 años, el mundo se mueve comprando corazones)

C) Libertad de expresión; en el occidente laico aún hay. Y no me vengan con chorradas de que España no es laica, etc. Es, como mínimo, agnóstica. Varía por territorios, claro, pero tiene las deferencias Mínimas que hay que tener con una religión que ha marcado la historia Europea, lo queramos o no. Y que ha permitido evolucionar hacia el laicismo (cosa que otras relisectas, como sabemos, no hacen; más bien, al revés, se aprovechan de sus estructuras de sumisión femenina para tener una gran natalidad y hackear la democracia y la libertad con ello). La libertad de expresión cada vez está más tapada por “inventos californianos” como las redes sociales, los móviles, que nos hacen “drogodependientes del like en la imagen”. Te pueden estar contando el hecho más grande en la Historia (por ejemplo el nacimiento de la primera inteligencia no humana), y tú no prestarás atención, te parecerá que ya lo has visto todo. Es terrible, horrible, funesto. Te han robado la vida, la capacidad de asombro, la de pensar. Esto es mucho más peligroso de lo que parece. Nadie reparte carnets de “enterado” sobre “supervivencia sostenible”. La gente se fía de lo que ven sus ojos y hace análisis superficiales no, los siguiente. “No habrá tanta crisis, que en mi barrio (bueno) veo las terrazas llenas (de desocupados)”. La mayoría de la gente no ha leído apenas nada sobre historia, filosofía, no ha tomado decisiones en su vida, no ha practicado en pensar (sino en “entretenerse”, “embobarse” con la tv y similares, al llegar a casa). Y muchos hasta comienzan las frases “admito que no tengo experiencia ni preparación, pero voy a opinar”. “La verdad está ahí fuera”, decían en una serie; por citar algo más profundo, “cuando el sabio señala la luna, el tonto mira al dedo”. Belén Esteban es mucho más conocida (¡y apreciada!) que Stephen Hawkins. La sociedad ha ido ya tan lejos en su “virtualización”, que somos incapaces de reaccionar en el mundo real. (frase oscura sobre la que profundizaré si me preguntas, pero, por ej, “los comunistas” son incapaces de boicotear a Apple comprando otro teléfono; se puede odiar a Google por ser gran hermano y tenemos 100 buscadores a un clic y somos tan flojos que no sabemos ni quitarnos de Google). Hay unas empresas poderosísimas que controlan nuestras vidas más de lo que pensamos. Eso no va a ir a menos sino a más. Al disidente enseguida le van a poder inventar “un pasado” y encerrarlo. Esas empresas crean la “postverdad”, el fakebook, etc. El poder no está interesado en que pienses, poco a poco irá logrando que “ames al gran hermano”, como en la última frase del brillante y profético libro de Orwell.

B) Robotización inevitable. Creo que debemos interesarnos y preguntar mucho más y practicar mucho más con robots, “aunque nos obligue a ejercicios disgustantes”, como pensar si es ético tener afecto y sexo con robots (¿sería igual de ético con un robot muy simple que con uno de apariencia totalmente humana y de diferentes edades? ¿Por qué? ¿Por qué quizá afecto sí y sexo no? ¿Debemos preguntar a los religiosos para que respondan? ¿Al Estado? ¿A cada ayuntamiento?). Si un día toman conciencia, y parece que esto es posible, todo cambiará; puede que sea el momento más importante de la historia. Además, con su ayuda (backups del cerebro, implantables en un nuevo cuerpo…) parece que se podría cruzar en menos de 100 años la frontera de la “inmortalidad”. En un mundo ya “lleno”, ¿es ético buscar la inmortalidad? No buscarla, en cambio ¿va contra nuestra biología? ¿Contra los mandatos religiosos? Esta pregunta parece más teórica y menos visceral, un poco más metafísica y dura para los que huyen de la “filosofía”, pero apasionante.

A) La natalidad. Si no hay nueva vida, no hay esperanza. Se lleva hablando más de cien años del suicidio de Europa y se está haciendo realidad más que nunca. Dejando fuera consideraciones históricas y políticas, es claro que en una gerontocracia las decisiones no se toman igual que en una sociedad con multitud de jóvenes. En este punto parece que “los extremos son horrorosos”, tanto el invierno demográfico de Europa como el baby boom de los países que son cada vez más religiosos (ver caso Egipto); que hay muchísima política muy oculta y sucia de por medio, con las perspectivas de la sustitución de trabajadores menos cualificados por robots, para el pago de pensiones, rentas universales, etc; la dificultad para hablar del tema de los que “no tienen hijos”… ¿cómo lograr un equilibrio que haga que haya “más presupuesto por alumno” sin alentar a la gente a “no cumplir con su biología” (o con sus mandatos religiosos”, sin alienar su libertad (imagina convencer a alguien de no tener hijos y que un día quiera dar marcha atrás cuando no pueda), sin caer en la locura (¿será “mentalmente sano” tener “hijos robots”? Pues depende de la época y región a la que preguntes; a lo mejor miramos con los ojos del corazón a un niño robot y vemos una llama de amor fraternal dentro, o no vemos nada, o vemos “una inteligencia que va a sustituir a nuestra especie, a la que estaremos traicionando”…)…

Epílogo final:

Espero haberte provocado pensamientos y que los desmenuces poco a poco. Si volvieras a releer el texto o me dejaras invitarte a un café, ya sería la repera. No quiero pasar por el mundo siendo un estómago que come y nada más. Quiero maravillarme con él, asombrarme, reflexionar. Me ha sorprendido la facilidad con la que me ha salido esta reflexión. Quiero que sirva para dejar constancia de si, a los 40, estaba lúcido yo o no :))  Hace unos años, cuando estaba muy ocupado (con la parte baja de la pirámide de Maslow), cada vez que un pensamiento no-laboral me asaltaba la cabeza, acababa llegando a la dualidad del Universo: bien-mal, yin y yang (que se mueven gracias a la introducción de desequilibrios, que hacen rodar la rueda y generan vida; si no ocurriera, serían piedras inertes; yo añado el efecto caos, un gramo de más en la balanza del yang o del yin pone todo el sistema en movimiento), capitalismo y comunismo… jaja… Yo lo denominaba “he visto el abismo metafísico”, y paraba de pensar, no me apetecía pensar sobre metafísica. Hoy, mis pensamientos no laborales son mucho más concretos. Me encantaría debatirlos con todos vosotros, para que demostremos que “no sólo de comentar fútbol, series y cotilleos vive “el ser humano” (por no decir “el hombre”, en tiempos de absurda corrección política). Abrazos a todos los que quieran acercarse a las luces… aunque quemen.

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